22 de agosto de 2008

La reina olímpica de Beijing 2008...

Yelena Isimbayeva, mejoró su récord mundial al superar una altura de 5,05 mts. Antes había superado el récord olímpico al marcar 4,95. Al iniciar su último salto, desplegó todo su repertorio de seducción para q todo el estadio se olvidara del resto de las competencias y se quedaran mirándola solamente a ella.
Isinbayeva, acaba de ganar en Salto con Garrocha en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Volvió a deleitar a los aficionados de 'El Nido del Pájaro' con un juego fabuloso.

La saltadora de Volgogrado, Rusia, necesitó 2 intentos para ajustarse a los 5,05 metros y en el 3ero los rebasó para establecer una nueva plusmarca mundial, superando en un centímetro su salto del pasado 29 de julio en Mónaco.

Después de dos años sin elevar un solo centímetro su plusmarca, Isinbayeva ha sumado 3 récords esta temporada (5,03 en Roma, 5,04 en Montecarlo, 5,05 en Beijing) a una lista q alcanza ya los 24: 14 en pista abierta y 10 en pista cerrada.

Además de campeona del mundo y dueña del récord mundial, Yelena Isinbayeva es una de las deportistas más bonitas y sensuales de todos los tiempos. Con un impactante cuerpo y una altura de 1.74 cm., la rusa fue elegida en varias oportunidades como una de las más atractivas del mundo del deporte.


15 de agosto de 2008

Me lancé en parapente...

El otro día estaba aburrida en mi casa, de pronto empecé a recordar las cosas locas q hacía con mi ex-novio, bueno ni tan locas y se me vino a la mente algo q me fascina muxo y q me encantaría volver a hacerlo… Era un domingo por la mañana paseando por la costanera limeña y bueno veíamos muxos alas deltas y parepentes q volaban bajo un cielo semi despejado y con muxo viento. Jimmie me dice: “vamos a lanzarnos, q dices”… al final pensé, era algo alucinante y q para mí no requería ningún esfuerzo ni físico ni mental, entonces podía aprovechar la oportunidad. Aunque, de verdad tenía un poco de miedo y cada minuto que pasaba buscando los servicios de estos deportes, mi corazón se aceleraba más y sentía algo raro en mi panza; parecía por ratos que ya me iba a dar un infarto. De verdad, sí tenía miedo.

Alquilamos los equipos y al instructor. Claro eso era para q me enseñara porque Jimmie era súper aventurero y deportista y sabía todo eso. Habían varios que al igual que yo saltaban por primera vez… hubo muxa gente esperando su turno y bueno la espera sirvió para apaciguar un poco mis nervios a parte q conocimos una pareja de británicos q recién habían llegado al Perú y que al siguiente día viajarían a Cusco con todo ese equipo.

Hay que decir que la espera sirvió para que nos relajáramos totalmente, allí tirados al sol. Además, al ver cómo van cayendo lentamente (¡o no tanto!) los otros con sus paracaídas de colores y a nadie le pasa nada y todos salen sonrientes, pues ayuda a quitar el miedo.


Corrimos y saltamos de la costanera. Mi instructor era un tipo amable, desprendía simpatía y tranquilidad y también era grande y fuerte. Jimmie ya estaba listo para emprender la aventura èl iba solo porque quería grabarme como era mi 1era vez, en parapente. Joder, ver que el suelo está tan lejos que ni siquiera se distinguen bien las casas impresiona... Lo peor, aunque en realidad es lo mejor, es el momento del salto. La sensación en el estómago, la impresión. El viento que te silba en los oídos y te hace temblar los cachetes como banderolas o fueron los nervios. De repente ya no notas que estás cayendo, sino que parece que flotas, que no te desplazas en absoluto. Ya se distinguen mejor las casas, los autos, las personas en el mar y en la arena descansando. Y sigues creyendo que de repente te has quedado parado en medio del cielo. El instructor te pasa los mandos del parapente para que lo dirijas. Tiras de un lado y empiezas a girar con una fuerza tremenda, tiras del otro y giras otra vez en sentido contrario, es divertido, aunque de la energía centrípeta te duelen hasta las pantorrillas. Y el arnés se te hinca en los muslos y en los hombros. Y así, volando, flotando, planeando y girando pasan otros 15 minutos más o menos, hasta que llega el momento del aterrizaje, fue de pronto porque el viento empezó a bajar su velocidad. Y es entonces cuando te das cuenta de con qué velocidad se acerca la tierra. Pero caemos con relativa suavidad sobre la hierba. Qué mostro, he saltado en parapente y quiero volver a hacerlo...